Cuando uno desde que es pequeño se le acostumbra a hacer bien las cosas, quizá pierde la perspectiva de como son las cosas en realidad, si siempre te exigieron la perfección, ¿Cómo puede uno conformarse con ser uno más? Yo siempre confié mucho en mi mismo, nunca pensé que nada pudiese salirme mal, era como tener algo así como un ángel de la guarda y nunca pensé que las cosas pudiesen torcerse en mi vida, siempre tuve lo que quise y si no conseguí más, siempre pensé que era simplemente por falta de ambición o porque realmente nunca me lo propuse.
Yo siempre vi mi vida como una lucha contra mí mismo. Quizá al principio de mi época escolar no fuese así, pero años más tarde cada día de mi vida era un examen que había que mejorar, siempre quise ser mejor, en eso ocupé la ambición que quizá no tenía en otras cosas. Creo que siempre fui responsable, seguramente desde que nació mi hermano cuatro años después que yo. Mi madre me habló siempre de cómo debía cuidar y proteger a mi hermano pequeño y esas palabras se me grabaron a fuego. Siempre le protegí, probablemente algunas veces pudo parecer que no lo hacía, pero siempre traté de hacerlo, sé que algunas veces fui injusto, pero es difícil no ser injusto con las personas que amas. Otras veces fui cruel con él, de hecho he sido cruel con mucha gente, pero siempre que hice eso era para que esas personas se endureciese, creyendo que ese era un valor de los más importantes. Durante mucho tiempo creí que ser duro era bueno, cuando era niño creía que era la forma de hacerme mayor, yo odiaba ser niño, siempre quise ser adulto, desde muy temprana edad pensé (dentro de las lógicas posibilidades de la edad) como un adulto. Muchos niños quieren demostrar que son adultos fumando, yo lo quería demostrar con esa responsabilidad que deseaba. Hasta tal punto llegó a ser paradójica mi vida que siendo aún un niño ya deseaba ser padre (siempre me pareció más interesante crear algo que conseguir algo de mí mismo) haber tenido que ser el protector de mi hermano (y probablemente de algunos compañeros del colegio) era algo que me hacía sentir genial y me hacía crecer, a veces parecía le padre de gente que tenía la misma edad que yo, pero el halago debilita y mi primer bajón en la vida se debió al ego que nació en mí cuando oía a las madres de mis compañeros decirles a ellos “tu deberías ser como Adrián” verdaderamente llegó el momento que me sentí superior a ellos, superior a todos. En el colegio no me conformaba con sacar dieces, después quise hacerlo, en menos tiempo. Me era placentero sacar un diez en veinte minutos de examen y ver como la mayoría luchaba por un cinco en una hora. Ahora me doy cuenta que podía parecer que me gustaba ridiculizar a mis compañeros, aunque no era del todo así, esa supuesta superioridad para mí era algo lógico, con 5,6,7 u 8 años nunca acepté que compararan a nadie conmigo, realmente creía que nadie podía estar a mi altura. Después todo cambio. Llegó un momento en el que me ocupé de ayudarles a ellos y despreocuparme de mí, al fin y al cabo yo sabía que podía aprobar siempre con facilidad, hasta que por supuesto llega un momento en el que ese cierto ingenio no es suficiente y no apruebas. La primera vez que ocurrió eso me sentí confuso, no me dolía haber suspendido, lo que verdaderamente me jodia era decepcionar a otros que esperaban más de mí. En realidad era consciente de que si se valorara tus conocimientos y no lo que eras capaz de estudiar, yo seguiría siendo le que mejores notas sacaría, pero así no es el juego de la enseñanza, se valora al que estudia y yo estudiar no iba a estudiar, para mí eso era hacer trampas. En esa época tus padres, los profesores te dicen que te estás jugando tu futuro, pero yo nunca vi los estudios como algo así, para mí era una competición que debía ganar sin hacer trampas, un juego…¿Qué si no aprobaba, me iría mal en la vida?...nooo, mi ángel de la guarda nunca dejaría que eso pasara. De modo que me di cuenta que si no estudiaba, no podría superar a los demás, pero para cuando entendí eso, me percaté que era demasiado perezoso para redimirme, la pereza es uno de mis grandes defectos, si puedo elegir entre hacer una cosa y no hacerla, siempre elegiré no hacerla (salvo contadas excepciones) Entonces supe que tal y como estaban las reglas no seguiría pudiendo ser superior a mis compañeros comencé a sentir angustia por primera vez en mi vida. En ese momento ya me di cuenta que no sabía luchar, que siempre había conseguido todo sin esfuerzo y que luchar no era para mí y me deje ir. Con trece años dormí y creo que no desperté hasta los diecisiete. ¿Qué hice en todo ese tiempo?, no lo recuerdo, pero creo que nada más que ver la tele y pensar en el futbol, nada más. Cuando desperté me di cuenta que me sentía raro en mi nueva posición, yo había estado tan acostumbrado a ser el líder, a mandar y a que me obedecieran, que no sabía lo que debía hacer. Con diecisiete no había acabado los estudios, tenía trabajos muy de vez en cuando…un feo panorama, pero ahora me doy cuenta que lo que me atormentaba era que ya no era ejemplo para nadie, como siempre había sido. En esa época los mayores me decían “aún estás a tiempo de rehacer tu vida”, pero yo no lo veía así, yo creía que ya había echado todo a perder. Con diecisiete años quería morir y sí sé que a esa edad casi todo el mundo ha pasado por eso, pero yo así lo sentía, en ese momento no sabía en absoluto lo que quería de la vida, solamente esperaba a algo que debía pasar y no sabía que era. Con esa edad tuve que reinventarme, en este tiempo había perdido el contacto con los amigos de la infancia y sé porque lo perdí, para mí era difícil estar con ellos y decir “pues al final no acabé logrando nada”, sé que a ellos eso no les importaba y que ellos en realidad no eran conscientes de la lucha que yo llevaba contra mí mismo, pero yo en ese tiempo llevaba una venda que no me dejaba ver más allá de mis narices.
Rehíce mi vida, pero después de una adolescencia más o menos violenta (ya contaré con más detalle) ahora quería hacer entender mi mundo con la palabra, con el buen comportamiento, me reinventé en ese sentido y comencé quizá a encerrarme en mi mismo, en ese momento es cuando mi personalidad se partió en dos, era uno para mis adentros y otro para los demás, antes nunca había tenido esa sensación. Mis instintos y mis actos comenzaron a tomar caminos diferentes y eso comenzó a confundir a la gente y a volverme loco a mí, porque no pretendía adoptar mi personalidad al mundo, sino que lo que realmente quería era que el mundo se adaptara a mí, supongo que tenía delirios de grandeza o algo parecido y sinceramente aún los tengo de vez en cuando, aunque trato de corregirlo por supuesto. A pesar de haber dicho eso, nunca volví a querer ser líder de nada, si bien es cierto que muchas otras veces me colocaron en esa posición de nuevo, hay quien me ha dicho que muestro mucha confianza en mí mismo y eso es lo que hace que los demás me coloquen en esa posición, sinceramente, preferiría que no lo hicieran, por más que no puedo negar que no puedo evitar llevar las riendas de las situaciones en muchísimos casos, lo veo como algo natural y sé que a mucha gente eso no le gusta, pero normalmente cuando eso ocurre no te das cuenta, al menos en ese momento.
Dicen que la niñez es la edad que más te marca en la vida, pero no sé hasta qué punto es cierto, conozco a muchísimas personas que no recuerdan nada de su infancia. Yo creo que lo recuerdo todo y eso desde luego si te marca y ahora últimamente que comienzo a olvidar cosas (nombres por ejemplo de gente que iba a la escuela conmigo hace 25 años) me entristece terriblemente que eso pase. En realidad es momento de olvidar muchas cosas, creo que mientras menos cosas del pasado arrastres con más claridad ves el presente. Pero si verdaderamente quiero olvidar voy a hacerlo con red, quizá por eso escribo esto, para si algún día quiero revisar mi vida, tenerlo por escrito, ¿a qué se debe esto? me gusta analizar las cosas, demasiado creo ¿verdad?
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